miércoles, 22 de febrero de 2012

Espera en Dios, porque aún he de alabarte.

Salmos 43: 5 
¿Por qué te abates, oh alma mía, Y por qué te turbas dentro de mí? Espera en Dios; porque aún he de alabarle, Salvación mía y Dios mío.

Me encanta este Salmo. Quizás es porque me traslada unos años atrás cuando estaba muy de moda la canción que se inspiraba en este salmo (pondría la mano en el fuego que se sigue cantando jeje) o estarás conmigo que, quieras o no, recordar tu época de niño siempre hace gracia. A día de hoy, puedo decir que este Salmo es de lo más esperanzadores y con mayores retos, y quizás tu quieras saber porqué. Todos hemos pasados por momentos en los cuales sentimos como nuestra alma esta abatida. Posiblemente hoy leyendo estas líneas, estás pasando por un momento de esos. Te invito a reflexionar aquí en él. 

Ayer, me encontraba hablando con una amiga y me ayudó a ponerme en su piel, me ayudó a ser empático con sus problemas. Son esos momentos de la vida en donde te sientes con una gran carga, y por mucho que quieras, no puedes negar que te sientes preocupado. Preocupado hasta tal punto que perdemos la paz, a eso se refiere el salmo con: turbado.
Hoy podrías ser tu el salmista que estaba experimentando un momento  de turbación en su vida, y es  ahí en donde quiere hacer un alto, recapacita y se hace una pregunta así mismo: “¿Por qué te abates, oh alma mía, Y por qué te turbas dentro de mí?”, es cómo preguntarse a uno mismo: ¿Por qué no hay paz en mi corazón? 
La respuesta es más que obvia, en todo corazón, en toda vida, hay siempre aspectos negativos. Pero  tienes más en tu mano de lo que imaginas. Primero de todo, debemos entender que no podemos evitar que momentos así vengan a nuestra vida. Muchas veces nuestra naturaleza carnal se olvida de lo espiritual y es ahí en donde nuestro corazón se turba y nuestra vida esta abatida. Porque hay situaciones que roban totalmente la paz que existe en nuestro corazón.
Pero es justamente ahí, en el punto de mayor declive dónde el salmista recapacita y se responde: “Espera en Dios; porque aún he de alabarle, Salvación mía y Dios mío”. Por un momento, parece que hable otra persona ¿No crees? Por un momento,  el salmista se da cuenta de que no hay porqué estar abatido, que no hay por que estar turbado, ya que el esperar en Dios le dará auténtica y genuina Salvación.

Reflexiona que es lo que te abate hoy. ¿Por qué estas turbado?, ¿Crees que es Dios quien esta contigo?, recuerdo sus palabras que decían que te esfuerces y seas valiente.
¿Crees en que ÉL peleará las batallas por ti?, ¿Te dijo que estará contigo todos los días de tu vida hasta el fin del mundo? Su promesa de Amor eterno toma más peso al recordar que Él no es hombre para mentir, eso quiere decir que lo que te ha dicho lo cumplirá y si un día te llamo es porque el haría algo tremendo en ti, entonces: Vuelve a pensar contrastar el porqué te abates frente a todas sus promesas. ¿Por qué te turbas? Realmente reconozco situaciones en las que no caigo en la cuenta de descansar en Dios. Prefiero agarrarme a la situación actual y dejar la Fe a medio gas...  ¿Confío mas en los problemas que en Dios?

Quiero recordarte que Dios te ha dado muchas promesas, las cuales cumplirá siempre y cuando le creas y estés dispuesto a hacer lo que por consecuencia viene.  ¿Será por eso que te sientes abatido y turbado? 
Por si fuera poco, además de liberarnos de esta carga de manera totalmente desinteresada, Él desea que despojemos toda ansiedad sobre Él. Ante esto, solo puedo rendirme delante de Él, caer a sus brazos, en una continua adoración y alabanza. Y en ese momento, es cuando nuestro espíritu se fortalece, puesto que Dios es Salvación tuya y mía.


Confía y cree en el Dios que soluciona los problemas.

¿A quien tienes a tu lado?

1 comentarios:

Alex Prats dijo...

Solemos cargas nosotros con todo el peso, por orgullo o cabezonería, sin poner las cargas sobre Dios, y que nos ayude superar la situación que se nos ha presentado.

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